Ciudad de México

Exposición de Posada en el Munae: mi visita a «Cartografía de un cronista»

Fui a «Posada. Cartografía de un cronista» en el Museo Nacional de la Estampa y salí con otra idea de José Guadalupe Posada: más de 300 piezas que explican la litografía, la zincografía y por qué su influencia va mucho más allá de La Catrina. Mi visita completa, la fiesta de cumbia gratuita del patio y mis tips.

Por José G. · · 11 min de lectura
Exposición de Posada en el Munae: mi visita a «Cartografía de un cronista»

Voy a empezar con una confesión: yo creía que ya conocía a José Guadalupe Posada. Llevo años viviendo en México, y a Posada lo conoces aunque no quieras: es cultura general, es el señor de La Catrina, el de las calaveras que ves en Día de Muertos por todos lados. Con eso en la cabeza entré al Museo Nacional de la Estampa (Munae) a ver Posada. Cartografía de un cronista, pensando que iba a repasar lo que ya sabía. Pues no: salí asombrado, y no exagero. No tenía idea de la dimensión real de este señor, de todo lo que aportó a la cultura mexicana más allá de la calavera famosa. Si te pasa como a mí —que lo conoces “de oídas”— esta exposición te acomoda las ideas de una manera que ningún documental me había logrado.

Ficha rápida de la exposición

Qué esPosada. Cartografía de un cronista: más de 300 piezas de José Guadalupe Posada
DóndeMuseo Nacional de la Estampa (Munae), Av. Hidalgo 39, Plaza de la Santa Veracruz, Centro Histórico
Hasta cuándoDel 18 de junio al 20 de septiembre de 2026
Cuánto pagamos$70 por persona
Al ladoEl Museo Franz Mayer, cruzando la misma plaza: se prestan para el combo perfecto

Qué es «Posada. Cartografía de un cronista»

La exposición reúne más de 300 piezas que vienen de tres colecciones: la del propio Munae, la del Museo José Guadalupe Posada de Aguascalientes (su tierra) y la del Museo Posada de Coyoacán. La curaduría es de Caroline Montenat, Mercurio López Casillas y David García Aguirre, y el planteamiento me pareció muy inteligente: no te presentan a Posada como “el señor de las calacas”, sino como lo que fue de verdad, un cronista de su época. Un tipo que con grabados iba narrando la sociedad mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX: sus escándalos, sus crímenes, sus fiestas, su política y sus miedos.

Muro rojo de la exposición POSADA. Cartografía de un cronista en el Munae con los diablitos danzantes de Posada a los lados
Foto: José G. — A dónde viajar. La sala del título: los diablitos de Posada bailando te reciben.

Con esta muestra, además, el museo arranca los festejos por sus 40 años de vida —su acervo pasa de las trece mil piezas— y se nota que le metieron cariño: el edificio viene saliendo de una remodelación, con salas más funcionales, mejor iluminación y hasta dispositivos de audio individuales. El museo es bastante bonito, hay que decirlo.

Interior del Museo Nacional de la Estampa con su tragaluz de vitral emplomado y el barandal blanco del cubo de la escalera
Foto: José G. — A dónde viajar. El vitral del cubo de la escalera: el edificio solito ya vale la visita.
Fachada del Museo Nacional de la Estampa con la lona de la exposición Posada. Cartografía de un cronista y la banda Rumbiamba tocando en el patio
Foto: José G. — A dónde viajar. La lona de la expo arriba y, abajo, Rumbiamba tocando en el patio del Munae.

Yo sabía lo de La Catrina; no sabía todo lo demás

Esto es lo que más me removió. Yo sabía que Posada creó a La Catrina —la Calavera Garbancera, que después Diego Rivera vistió y bautizó como la conocemos—. Lo que no dimensionaba es que la calavera es apenas la puerta de entrada: Posada ilustró miles de hojas sueltas, corridos, cuentos, periódicos de a centavo que la gente compraba en la calle. Era, literalmente, el noticiero gráfico del pueblo. En la exposición ves cómo un mismo señor podía hacer desde caricatura política hasta estampas religiosas, portadas de cancioneros y escenas de nota roja, todo con un nivel de detalle que te obliga a pegarte al vidrio.

Mural en gran formato con decenas de personajes de los grabados de José Guadalupe Posada en una sala del Munae
Foto: José G. — A dónde viajar. Todo el universo de personajes de Posada en un solo muro: ahí entiendes que era mucho más que calaveras.

Y ahí entiendes su enorme influencia: sin Posada no se explica buena parte del imaginario gráfico mexicano que vino después. Los muralistas lo reivindicaron, y hasta la estética del Día de Muertos que hoy es patrimonio visual del país le debe muchísimo. Si quieres ver esa herencia viva, date una vuelta en temporada por la Ofrenda Monumental del Zócalo: las calaveras gigantes que verás ahí son nietas directas de las suyas.

Aguafuerte El mundo no cambia. Siempre Posada de Ioulia Akhmadeeva con el retrato de Posada rodeado de sus personajes, en la exposición del Munae
Foto: José G. — A dónde viajar. «El mundo no cambia. Siempre Posada»: artistas de hoy siguen dialogando con él, y la expo lo demuestra.

Litografía, zincografía, sellos: aquí por fin entendí todo

La otra gran razón para ir: el Munae es el museo de la estampa, y esta exposición aprovecha para contarte la historia completa de las técnicas. Litografía, grabado, zincografía, sellos… yo confieso que llegué sin saber diferenciar una de otra, y salí entendiendo cómo se hacía cada cosa y por qué Posada era tan bueno: el señor dominaba varias técnicas y las usaba según lo que el encargo (y el bolsillo del editor) pedía. Ver las planchas y entender el proceso te hace apreciar el doble cada estampa. De verdad, recomiendo ir aunque creas que “ya conoces” a Posada, justamente para entender esta parte, que es la que casi nadie te cuenta. Y un detalle de la museografía nueva que me encantó: hay piezas táctiles con braille para recorrer los grabados con las manos.

Muro verde de la sala Imprenta y Litografía con el texto curatorial de Posada. Cartografía de un cronista en el Munae
Foto: José G. — A dónde viajar. La sala de imprenta y litografía: aquí por fin entendí cómo se hacía cada estampa.
Pieza táctil en relieve de El Dulcero con placa en braille en la exposición de Posada del Munae, con una mano recorriéndola
Foto: José G. — A dónde viajar. «El Dulcero» en versión táctil con braille: museografía inclusiva, aplausos para el Munae.

Posada Cumbiero: la fiesta gratuita que nos tocó en el patio

Ahora, la sorpresa del día. Nos tocó ir el sábado que el museo organizó «Posada Cumbiero», un evento cultural gratuito en su patio (de 2 a 5 de la tarde): gráfica, cumbia y fiesta, todo en el marco de la expo. Primero estuvo la DJ Xilonen Selectress, de Rumba Tropical, pasando cumbias de toda Latinoamérica —y cuando soltó una cumbia de Perú, ya saben ustedes que este peruano sonrió de oreja a oreja—, y después se presentó Rumbiamba, una agrupación joven de cumbia que andaba celebrando sus cuatro años de trabajo comunitario.

Patio del Museo Nacional de la Estampa lleno de gente con papel picado y la carpa roja durante el evento Posada Cumbiero
Foto: José G. — A dónde viajar. El patio del Munae en pleno Posada Cumbiero, visto desde el balcón de las salas.

Aquí declaro mi sesgo, como siempre: la cantante principal de Rumbiamba es una amiga muy cercana de mi prometida, así que fuimos también en plan de apoyar. Pero les juro que el sesgo salió sobrando: yo no fui esperando algo de bajo nivel, y aun así me sorprendieron muchísimo. Tocaron varias de esas cumbias colombianas que todos nos sabemos y la gente no paró de bailar en todo el set. Nivel de banda grande, en el patio de un museo, gratis. Si los ven programados en algún lado —se hacen llamar los creadores de la «Cumbia Brava»— vayan sin pensarlo, muy recomendados.

Dos brazos con grabados de tinta estilo Posada hechos en el taller de estampa del Munae, uno verde de un diablito y otro multicolor
Foto: José G. — A dónde viajar. Los «tatuajes» de estampa que nos llevamos del taller: salen del museo caminando.

El taller de estampa: salimos «tatuados»

Dentro del mismo evento estaba el Taller de Iniciación a la Estampa, y esto me encantó porque conecta todo: después de ver las planchas de Posada arriba, abajo te imprimen a ti. Nos estamparon grabados en los brazos con tinta —como tatuajes temporales, pero hechos con la técnica real de la estampa— y mi prometida se llevó un corazón en llamas que parecía sacado de una hoja suelta del siglo XIX. Detalle sencillo, gratuito, y es exactamente el tipo de cosa que hace que un museo se te quede grabado (perdón por el chiste, no lo pude evitar).

Visitante mostrando su grabado en tinta verde del taller de estampa, con la sala Botica de la Salud del Munae al fondo
Foto: A dónde viajar. Servidor con su grabado recién impreso del taller — y abajo, la carpeta del Posada Cumbia.
Grabado temporal de un corazón anatómico en llamas estampado en tinta naranja sobre un brazo, del taller de estampa del Munae
Foto: José G. — A dónde viajar. El corazón en llamas del taller: pura estética de estampa popular.

Lo que no me encantó: el trato del personal

Voy a ser honesto porque para eso escribo estas notas. El Munae no es de mis museos favoritos en el trato: el personal no es maleducado, para nada, pero sí es de un estilo seco, de esos que te hacen sentir más vigilado que bienvenido. Y no es que yo pida abrazos, pero hasta en el Palacio de Bellas Artes —que es diez veces más grande y concurrido— la gente que trabaja ahí me ha parecido más amena. Lo digo como lo sentí, y lo dejo claro: la exposición lo compensa de sobra. Es grande, está muy bien montada, y por $70 pesos es de lo mejor que puedes hacer en el Centro ahora mismo.

Mi plan recomendado: Munae + Franz Mayer + comer cerca

El plan redondo que te recomiendo, porque es el que hicimos nosotros: entra al Munae con calma (una hora y media o dos), y al salir cruza la plaza al Museo Franz Mayer, que está literalmente al lado y es otra joya. Y para comer tienes dos rutas que ya he probado y reseñado: la pastelería y cocina de Cancino en el Centro —mi recomendación de siempre por esta zona— o, si traes antojo de algo ítalo-argentino, ese sábado nosotros salimos de la expo directo a Argentalia, en la calle Gante, y nos fuimos muy contentos. Cualquiera de las dos te deja el día completo.

Tips para tu visita al Munae

  • Ve con tiempo. La expo es bastante grande; entre una hora y media y dos horas para verla con calma.
  • Checa la cartelera del museo. Los eventos del patio (como el Posada Cumbiero que nos tocó) son gratuitos y de muy buen nivel; se anuncian en las redes del INBAL.
  • Haz el combo con el Franz Mayer. Están en la misma plaza; es de los mejores «dos por uno» de museos del Centro.
  • Si hay taller de estampa, entra. Es la mejor forma de entender lo que acabas de ver en las salas (y sales con grabado propio).
  • Presupuesto: $70 por persona la entrada; el evento del patio, gratis.

¿Vale la pena la exposición de Posada en el Munae?

Rotundamente sí. Yo llegué creyendo que iba a ver calaveras y salí entendiendo la historia de la litografía, la zincografía y los sellos en México, y sobre todo entendiendo por qué Posada es tan importante para la cultura mexicana: no era «el de La Catrina», era el cronista gráfico de todo un país. Si a eso le sumas que te puede tocar cumbia en vivo en el patio y que tienes el Franz Mayer al lado, el plan se arma solo. Ve antes del 20 de septiembre, que es cuando se acaba.

Preguntas frecuentes sobre la exposición de Posada en el Munae

¿Dónde es la exposición de Posada?

En el Museo Nacional de la Estampa (Munae), Av. Hidalgo 39, Plaza de la Santa Veracruz, Centro Histórico de la CDMX, justo al lado del Museo Franz Mayer.

¿Hasta cuándo está «Posada. Cartografía de un cronista»?

Hasta el 20 de septiembre de 2026. Abrió el 18 de junio y con ella el Munae arrancó los festejos por sus 40 años.

¿Cuánto cuesta la entrada al Munae?

Nosotros pagamos $70 por persona. Los eventos culturales del patio, como el «Posada Cumbiero» que nos tocó, son gratuitos.

¿Qué se ve en la exposición?

Más de 300 piezas de José Guadalupe Posada de tres colecciones (Munae, Aguascalientes y Coyoacán): grabados, litografías, zincografías, sellos y hojas sueltas que lo muestran como cronista de su época, mucho más allá de La Catrina.

¿Cuánto tiempo necesito para verla?

Entre hora y media y dos horas con calma. Si le sumas el Franz Mayer de al lado y una comida cerca, es un plan de día completo en el Centro.

Si te gustó esta, la otra exposición imperdible del momento es «Leonora Carrington: Laberinto Mágico»: obra de gran formato, su tarot iluminado y una sala inmersiva preciosa.

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Sobre el autor

José G.

José G. es un viajero peruano radicado en la Ciudad de México. Limeño de corazón y chilango de adopción, recorre México y Latinoamérica y cuenta lo que prueba de primera mano: dónde comer, qué museos valen la pena, dónde hospedarse y cuánto cuesta todo de verdad. Le apasionan la buena comida, los museos, el fútbol y viajar en pareja. Escribe sin filtros —precios reales y opiniones honestas—, sin recomendar destinos que no haya pisado.

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